Sarah

Not the Hogwartss Express [RPG Hogwarts Castle Fic]

Sé que soy una mala persona que casi no actualiza su LJ nunca, pero hoy era una super mega hiper ultra ocasión especial, y no, no hablo del fin de año de mañana, sino del cumpleaños de malena_sama y, precisamente para esa ocasión, me decidí a escribir un fic de un foro de rol que hace tiempo que "murió" pero que nos trae muy gratos recuerdos porque quizás, de no ser por él, hoy no seríamos tan amigas como lo somos.

Así que, esposa mía, aquí tienes tu fic posteado para que lo puedas leer cuando quieras y tengas conexión a internet. Cuando no la tengas, te quedas con la versión impresa XDDDDDDDD Btw...


¡¡¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS,
MALENA!!!!


Alusiones a los personajes de driate (aunque con Zach son más que alusiones XDD), aryblack y maya_takameru. Fic sin betear, yo aviso. También aviso que ahora tengo mucho mono de la OT3 e igual y eso se acaba notando por aquí...




Si a los alumnos de Hogwarts les hubieran dicho cuando empezó ese curso, que al finalizar un alumno de Ravenclaw, uno de Slytherin y uno de Hufflepuff iban a ser amigos, sus risas se hubieran escuchado hasta Timbuktú. Por todos era bien sabido que era imposible que esas tres casas forjaran una amistad.

Los Ravenclaw y los Slytherin no soportan a los Hufflepuff porque los consideran bastante tontos e inútiles, y está claro que ellos son todo lo contrario. Los Slytherin no se llevan bien con los Ravenclaw porque los creen unos prepotentes cuando dicen esas respuestas a todo siempre correctas. Los Ravenclaw no soportan a los Slytherin porque suelen hacer trampas en las pruebas en lugar de estudiar. Y los Hufflepuff… Bueno, los Hufflepuff en realidad no suelen tener problemas con nadie, pero todos parecen tenerlos con ellos.

Todo ello hacía impensable el que hubiera una amistad entre esas tres casas, y era algo que todos los alumnos sabían y que jurarían y perjurarían bajo amenaza de muerte. Pero si encima les hubieran dicho que esos tres alumnos iban a ser Sarah Richards, Amanda Woodwill y Zach Gray, la risa de los que lo oían se hubiera convertido en una explosión de esas que hacen que acabes sentado en el techo del salón y sin ser capaz de bajar de él a menos que obtengas un pensamiento triste capaz de aplacar las carcajadas de tu corazón.

Pero era cierto. Richards, Woodwill y Gray eran amigos. O bueno, quizás no amigos íntimos, pero sí se les veía pasear juntos por el castillo en muchas ocasiones. Tantas que aquello había suscitado las más variopintas leyendas sobre el cómo había empezado su amistad.

Las había de todos los tipos, desde las que decían que todo había empezado porque Richards y Gray habían salvado a Woodwill de que se la comiera el calamar gigante un día que practicaba el vuelo en escoba y había perdido el control, hasta una que contaba que en verdad todos eran hermanos por parte de padre que se habían reencontrado allí, pasando por una que hablaba de cierta profecía que los marcaba como los tres jinetes del Apocalipsis y que decía que, una vez encontraran al cuarto, el mundo tal y como lo conocían hasta ahora, dejaría de existir.

La favorita de Sarah era esa, pero con un pequeño variante. Hachefewii, como solían llamar al gato de Amanda, era el cuarto jinete y era un animorfo superpoderoso. La pelirroja se moría de risa cada vez que la gente se apartaba cuando el gato pasaba cerca de ellos. Aún se reía más si Amanda estaba cerca y se molestaba por ello.

Ya habían terminado los exámenes, quedaba una semana para que todos volvieran a casa, y Sarah paseaba por los pasillos buscando a Amanda y Zach. Los vio desde una ventana, estaban sentados en el jardín con algo que parecía comida, libros, y unos cuadernos de dibujo. Aceleró el paso sonriendo cuando los vio y corrió hasta donde estaban sentados.

El gato de Amanda estaba tumbado cerca de ellos, disfrutando del sol mientras se echaba una siesta.

- Amanda, ¿me dejas a Hachefewii un rato? –preguntó sin sentarse y caminando ya hacia el gato que, en cuanto escuchó el tono de su voz, pareció erizarse por completo aún con los ojos cerrados.- Hachefewii… -le llamó en un tono bajo y cariñoso.

Amanda pareció dudar un segundo, hasta que vio la cara de Sarah y abrió los ojos como platos. Zach rió por lo bajo, no entendía cómo era posible que Amanda no se diera cuenta de las intenciones de Sarah antes teniendo en cuenta que ya hacía bastante tiempo que la conocía y que la ravenclaw nunca tenía buenas intenciones para con el pobre gato.

- ¡Deja de atormentarle! ¡No es el cuarto jinete de la apocalipsis!–exclamó con exigencia.

- ¡Pero no lo grites! –le pidió Sarah en un susurro y tapándole la boca mientras Amanda la fulminaba con la mirada. Sarah la soltó poco a poco.- Que los demás no lo saben…

Le encantan todos esos rumores sobre ellos, tanto que los solía acrecentar hechizando al gato para que hiciera cosas que no eran típicas de los gatos y la gente en verdad le creyera un animorfo. Incluso estaba estudiando la forma de falsificar un recuerdo y dejar que alguien lo encontrara con la famosa profecía, pero aquello era demasiado complicado si lo tenía que hacer sola y, aunque sabía que podría convencer a Zach para que la ayudara, Amanda parecía no querer prestarse para ese tipo de cosas. A veces Amanda era un poco aburrida.

- Voy a tener que llevarle a terapia por tu culpa… -dijo Amanda girándose para acariciar un poco a su mascota.- Además, no se llama Hachefewii, se llama Harold Frederick Winston III.

- Y por eso mismo el pobre merece ser llamado Hachefewii. Con doble i. –declaró Zach tranquilamente y sin levantar la vista de su dibujo mientras Amanda estiraba la mano sin alcanzar a su gato.

Harold, sin protestar siquiera, había desparecido antes de que Amanda pudiera siquiera darse cuenta. En serio aquel animal parecía medio humano y los odiaba mucho, sobre todo cuando estaban los tres juntos y, en especial, a la pelirroja.

- Ya le has asustado, Richards. –protestó la castaña.

Amanda siempre usaba su apellido cuando estaba molesta con ella. Sarah se encogió de hombros y se sentó, recargándose contra el árbol y chafardeando los dibujos de Zach y las cosas que Amanda tenía por ahí.

- Lo asustaste tú cuando decidiste ponerle ese horrible nombre. –contestó llanamente.

Zach rió, Amanda rodó los ojos, y Sarah se desabrochó un par de botones de la camisa como si fuera un gesto casual. Amanda la miró y vio que ella no les miraba en ese momento, siguió su mirada y se dio cuenta de que estaba observando a un grupo que jugaba a quidditch. En parte suspiró de alivio, no quería pensar que ese gesto se debía a ella porque aún recordaba bien lo que había pasado entre ellas por culpa de esa poción mal hecha. De hecho, cuando lo recordaba, odiaba a Sarah por completo.

- ¡Tú siempre pensando en lo mismo! –la amonestó tomando un libro y centrándose en lo que ponía en él con tanto esfuerzo, que era obvio que no se estaba enterando de nada.

Ambos levantaron la cabeza con mirada extrañada, no entendían de qué hablaba ahora la Slytherin y estaban algo convencidos de que simplemente era otro de esos ataques que le daba de vez en cuando. Habían aprendido a soportarlos, de hecho muchas veces eran ellos los que los provocaban adrede. En Amanda el dicho aquel de “Perro ladrador poco mordedor” encajaba a la perfección. Igual que lo era aquel otro que decía que no había nada más divertido en el mundo, que hacer enfadar a un Slytherin, sobre todo si era Amanda.

Por eso mismo, y como Amanda no les explicó nada más, pensaron que era mejor no añadir palabra alguna y hacer como que aquello no había ocurrido. Probablemente estaba así por lo del gato.

- ¿Recordáis que siempre hemos dicho que sería genial visitar Francia? –preguntó con tranquilidad Sarah.

Ahora fue ella la que pareció ser ignorada. O sea, no es que no se escucharan, porque estaba claro que ellos la habían escuchado y que habían dicho eso más de una vez, pero no entendían a qué venía eso en ese momento. Aunque había que añadir que la pelirroja parecía estar más feliz de lo normal y eso, para Amanda, siempre era una clara señal de peligro.

Sarah abrió su mochila ante la atenta mirada de Amanda que estaba esperando ver qué era lo que salía de esa mochila del mal para empezar a correr y alejarse de ella antes de que algo explotara y se despertara besándose con cualquiera en un vestuario ante la mirada de demasiados espectadores indeseados. Pero no fue un caldero a punto de estallar lo que Sarah sacó, sino unos papeles que dejó entre los tres con una gran sonrisa de satisfacción en su rostro. Creo que eso no puede explotar… Pensó Amanda más tranquila y volviendo a relajar sus músculos.

- Pues he estado mirando y si vamos la semana del 12 al 22 de Julio, nos podría salir super barato.

El entusiasmo que Sarah había puesto en aquellas palabras era más que obvio, pero Amanda no lograba entender a qué venía aquello. La miró con el semblante serio y se giró a mirar a Zach, normalmente él entendía mejor a la pelirroja y solía ser el que le traducía todas aquellas cosas que no lograba entender. Pero esa vez Zach parecía tener la misma cara que ella, y eso tan solo podía significar una cosa. Definitivamente, Sarah se ha vuelto loca. No lo dijo, pero en ocasiones la cara de Amanda no necesitaba de palabras para expresar lo que sentía.

- ¿Qué…? –preguntó Sarah poco convencida.- ¿Por qué me miráis así?

Amanda abrió la boca, dispuesta a contestar, pero Zach hizo un gesto con la mano que parecía significar que quería la palabra y, como él era el experto en entender a la cabra loca de Sarah, Amanda no tuvo ningún problema en aguardar. Pero como no le diga las cosas bien claritas, tendré que ser yo quien lo haga.

- A ver, Saritah, ¿de qué hablas? –preguntó tras un momento de silencio.

- Menuda mierda de pregunta. –se quejó Amanda y ambos se giraron a mirarla.- Hasta yo podría haberlo hecho mejor.

Zach se cruzó de brazos y la miró con un gesto incrédulo. Amanda y la sensibilidad eran cosas que parecían no poder ir ligados en la misma frase a menos que esa frase también tuviera la palabra “confundus” o “poción” de por medio. Sarah los miraba de forma intermitente mientras sostenía con fuerza los papeles que había traído con ella e intentaba descubrir qué mierdas era lo que estaba pasando allí.

- Perfecto. Pues muéstrame cómo. –pidió Zach esperando. Amanda le miró a la cara y asintió antes de girarse a Sarah.

- No pensamos ir a ningún sitio juntos en verano. –sentenció mirando a la pelirroja. Segundos después desvió su mirada a Zach.- Así. No era tan difícil, ¿no?

Sarah les miró pensando en el significado de aquellas palabras. Perdían fuerza cuando parecían dichas a modo de una clase entre el rubio y la castaña. Además, se sentía ignorada, como un experimento con el que juegan. Zach soltó un chasquido y negó con la cabeza.

- La delicadeza y tú sois primas hermanas, eh… -dijo antes de inclinarse hacia Sarah.- Lo que Amanda quiere decir es que va a ser difícil poder hacer algo así este verano.

- No. –espetó de nuevo.- Lo que quiero decir es que el hecho de que os permita que nos vean juntos en Hogwarts, no significa que permita que nos vayan a ver juntos fuera de Hogwarts. –dijo vocalizando todas y cada una de las palabras despacio.- Y que sí quiero ir a Francia, sí hemos dicho que sería genial ir, pero jamás dijimos que sería genial ir juntos. –aclaró.

Amanda tenía muy claro que eso de la amistad era un cuento de chinos y de que, en cuanto salieran de la escuela, todas las tonterías que se habían dicho quedarían borradas para siempre. No quería alargar la agonía más de lo necesario, no veía un solo motivo sano en mantener una falsa ilusión de amistad que estaba destinada al fracaso desde que empezó.

Sarah puso cara de estar totalmente escandalizada y muy ofendida por sus palabras, pero Zach la miró con condescendencia, como quien mira a un niño que acaba de decir algo sin sentido pero que, como no sabe de la vida, no le van a hacer ver su error. Él tenía claro que si Amanda estaba sentada con ellos en ese momento, era por algo.

El problema residía más que nada en Sarah y en su poca capacidad de pensar con raciocinio según qué cosas. Sobre todo cuando se trataba del miedo que ella tenía al abandono. Zach suponía que era normal por todo lo que había vivido con sus padres, y estaba completamente convencido de Amanda también lo sabía, pero cada uno llevaba el tema como podía. Además, la pelirroja jamás lo reconocía cuando estaba animada.

Pero había algo que Sarah sí tenía: Una boca enorme que jamás censuraba las palabras y mucha mala leche cuando se enfadaba.

- Así que ahora, a su majestad, le molesta que nos vean juntos. –dijo en un tono de voz que sonaba más dolido que hiriente.

Zach rodó los ojos. Menos mal que ella es la Ravenclaw… Era muy fácil que ellas dos discutieran, y normalmente era él quien ponía paz entre ambas, pero a veces no le daba tiempo siquiera a prepararse y las cosas estallaban sin que pudiera decir nada. Agarró la mano de Sarah y la miró con un gesto que claramente decía “tranquila, Sarah, que Amanda no habla en serio.” Sarah le miró con los brazos aún cruzados sobre el pecho y un gesto orgulloso mientras esperaba la respuesta de Amanda.

Amanda se frotó las sienes en un gesto cansado. A veces hablar con Sarah era agotador. En verdad había aprendido a apreciarles, pero lo de Sarah era complicado en extremo. ¿Tan complicado era para ella entender que no quería quererles más porque le iba a doler perderles?

- A veces pareces más tonta de lo normal, Sarah. –le dijo agarrando sus cosas y levantándose para irse al castillo.- No entiendo qué haces en Ravenclaw.

Sarah hizo el amago de levantarse para ir tras ella, pero Zach la sostuvo y la agarró, así que sus ganas de pelea arremetieron contra él. A Zach le costó varios minutos, unos cuantos hechizos silenciadores y toda la paciencia del mundo, hacerle entender a Sarah lo que le pasaba a Amanda. Cuando la calmó y pareció entenderlo, le miró con una ceja alzada.

- O sea, que no quiere que seamos amigos porque le da miedo que pasemos de ella luego… -repitió sin estar del todo convencida.- Eso me suena a la gilipollez más grande del mundo.

- Ya, pero eso es porque a veces te ciegas y no quieres ver lo que ocurre en verdad. –contestó Zach paciente.- Si en verdad no nos quisiera, no nos dejaría estar a su lado, aquí y ahora.

- Pero somos nosotros siempre los que vamos a buscarla, ella nunca se acerca a donde estamos. –le recordó Sarah.

-¿Y…? No me digas que eres tan tonta como para creer que la amistad trata de quién busca a quién. –puntualizó enarcando una ceja.- Amanda no suele tener problemas en alejarse de la gente que no le cae bien, y ambos lo sabemos, ¿no recuerdas a aquel chico de Slytherin que la perseguía por todas partes y el hechizo que le lanzó?

Sarah rió al recordarlo. Amanda había hecho un hechizo cojonudo con aquel pobre diablo. Vale. Quizás Zach tuviera razón, pero eso no iba a hacer que a Sarah se la pasara por completo el cabreo por lo que le había dicho Amanda. Además, ella sí había creído que el viaje era posible, y tenía muchas ganas de hacerlo junto a ellos dos. Liam ya le había dicho que no iba a poder hacer otra cosa más que prepararse para un examen super complejo durante el verano, sus padres iban a trabajar, Neferura se había ido la escuela y Suzette se largaba con su hermano. No es como si ella tuviera más posibilidades de pasar un buen verano que con ellos dos.

Alzó la vista y miró a Zach con una mirada de gatito abandonado que pide cariño porque siente que va a morirse si no lo obtiene. Zach ya conocía bien esa mirada, y aunque le afectaba, ya no era como cuando la conoció.

- Pero tú sí vendrás conmigo, ¿verdad? –le preguntó suplicante y batiendo sus pestañas.

Lo pensó unos segundos en silencio. Y no es que estuviera pensando qué decir, sino cómo decírselo. Él ya había planeado un viaje por Europa, mochila a la espalda y la moto entre sus piernas. Solo. Como siempre hacía ese tipo de viajes que tanto le gustaban. Agachó la vista cuando Sarah agarró sus manos y le sonrió más ampliamente.

La soltó y se frotó lo nuca, y aquello fue todo lo que Sarah necesitó para saber su respuesta. No era idiota, por mucho que los demás se empeñaran en tratarla como tal. Se soltó como pudo de él y se levantó rápidamente, agarró los papeles que había traído y los hizo añicos con sus manos.

- ¡Pues que os den por culo! ¡A los dos! –gritó molesta.- ¡No os necesito!

- Sarah, por favor, no te pongas hecha una mona… -le pidió.

Pero Sarah no le hizo ni caso. Zach la vio darse la vuelta y perderse en el interior del castillo en pocos segundos. Se sentó, casi como si se estuviera dejando caer como un peso muerto sobre la hierba. Se sentía mal por ella, pero es que en verdad sí quería hacer ese viaje por Europa. Además, ellas dos no sabían lo que había pasado con Liam, pero él necesitaba un tiempo para volver a recomponer su mundo de nuevo. Se frotó la frente mirando todos los papeles que Sarah había desperdigado por el suelo al romperlos.

Y, entre todos esos trocitos, vio algo. Algo que en verdad no esperaba y que le arrancó una sonrisa. Era un dibujo, hecho por Sarah. En él se les veía a los tres, bajo la Torre Eiffel, con las manos tomadas y lleno de corazoncitos. Sarah era un poco cursi a veces, pero eso enterneció a Zach que, justo después, se puso a recoger todos los trocitos de lo que Sarah había roto para pegarlos con cinta adhesiva mágica.

Había muchas ideas, detalladas, con horarios de trenes, metro, aviones, rutas ya trazadas para ver lo mejor del mundo mágico y del muggle, la dirección de varios hostales con las reseñas más atractivas de los mismos y la lista de inconvenientes. Se veía que Sarah había puesto mucho empeño en aquello, tanto, que se le ocurrió una idea.

Si aplazaba su marcha a Italia tres días y volvía cuatro antes de Suiza, podría tener esos diez días que Sarah había marcado para ese viaje a Francia, además, Francia en compañía no sonaba nada mal y hacía mucho tiempo que quería volver a ver la ciudad de las luces.

Ese fue el pensamiento que le llevó a guardar todo lo que Sarah había traído y pensárselo. Es decir, quizás él sí pudiera convencer a Amanda de que aquel no era tan mal viaje. Lo primero que hizo fue enterarse de si Sarah pensaba hacer el viaje a toda costa, aunque conociendo a la pelirroja como la conocía, dudaba mucho que se quedara en tierra.

Entre gritos e insultos comprobó que tenía la razón en dos asuntos: El libro de criaturas mágicas es más duro de lo que creía. Y Sarah sí pensaba hacer el viaje.

Y bueno, una vez se hubo deshecho de aquel chichón en la cabeza, se puso manos a la obra con los preparativos. Convencer a Amanda no iba a ser tarea sencilla, pero estaba convencido de que podría lograrlo si le tocaba la fibra sensible a la castaña y, si habían logrado ser amigos, seguro que podría lograr convencerla.

No tenía mucho tiempo para hacerlo, así que dedicaba prácticamente todo su tiempo libre a su plan, cosa que le ayudaba también a no pensar en que Liam estaba tan raro que todo apuntaba a que aquel examen y esa nueva universidad iban a ser mucho peor de lo que le había dicho. Zach sacudió aquellas ideas y se centró en encantar aquel dibujo.

Era miércoles por la mañana, tenían la última clase de historia de la magia, slytherin y hufflepuff juntos, así que Zach se las ingenió para meter aquel dibujo en el libro de Amanda. Era la mejor clase para hacerlo porque nadie escuchaba nunca a aquel profesor y él tampoco hacía caso nunca a sus alumnos, así que no iba a darse cuenta de nada.

Amanda abrió el libro y, en lugar de ver aquella primera página con las letras apelotonadas por culpa del desorden de la asignatura, lo que vio fue un dibujo en el que salía Zach con una túnica de profesor frente a una pizarra. El monigote le pidió silencio mientras Amanda lo miraba asombrada y buscaba al auténtico Zach con la mirada. El Zach del dibujo carraspeó para llamar su atención y ésta se volvió a él.
No tardó ni dos segundos en empezar a llenar la pizarra de aquel dibujo de otros dibujos en los que se les veía a los tres en Francia mientras él le explicaba las ventajas de hacer un viaje con amigos. Aunque intentó no hacerlo, no pudo contener una sonrisa que fue apareciendo en su rostro. Cuando terminó la explicación y volvió al mundo real, vio que Zach la miraba con superioridad, así que borró la sonrisa de su cara y se puso a garabatear algo que, supuestamente, era la lección. Zach la esperó en la puerta a la salida de clase.

- ¿Y bien? –le preguntó aún sonriendo.

- ¿Bien qué? –repitió ella como si no supiera de qué hablaba.

- ¿Cómo que bien qué? ¿Qué qué te parece? –insistió.

- Me parece que si hubieras puesto el mismo empeño en las clases, que en tus dibujos, no hubieras repetido ningún curso. –contestó llanamente.

- No repetí curso. Me tomé un año sabático, ya lo sabes. –respondió Zach cansado de esa acusación que habían usado mil millones de veces personas diferentes.

- ¡Pues peor me lo pones! –exclamó Amanda apartándose un poco.

Zach rodó los ojos con desesperación y cansancio. A veces era imposible hablar con ella. Se frotó el rostro para no decir ninguna grosería y pensar un poco más antes de abrir la boca, centrándose en el tema del que quería hablar, no en su año sabático, que a veces juntarse con Sarah hacía daño porque ya se sabe que todo se pega.

- ¿Eso es todo lo que vas a decir sobre el viaje? –dijo mirándola a los ojos.

- No. –contestó haciendo que Zach sonriera mientras ella buscaba aquel dibujo y se lo devolvía a Zach.- Todo lo que iba a decir sobre el viaje ya lo dije aquel día en los jardines, así que no sé a qué viene ahora toda esta tontería. –le dijo apretando sus libros contra el pecho y empezando a caminar.- Además, no entiendo por qué ahora tú también insistes en ello. El otro día estabas de acuerdo conmigo en que era una tontería.

Zach se puso a su altura y caminó a su lado. La agarró por el brazo y la detuvo en aquel pasillo mirándola con asombro.

- Yo nunca dije que fuera una tontería. –le aclaró.- Simplemente no tenía tiempo para hacerlo, pero es algo importante para Sarah, y para mí… -añadió.

Amanda se sacudió para hacer que Zach la soltara. No le gustaba que nadie la agarrara de esa forma, se sentía acorralada, y eso era algo que odiaba. Le miró a los ojos y resopló. Una mirada de cachorrito abandonado no iba a hacer que ella cambiara de opinión.

- ¿Y por qué es tan importante para vosotros? –replicó volviendo a voltearse para caminar de nuevo por el pasillo.- Es un estúpido viaje a Francia, sólo eso.

- ¿Pero por qué eres tan cabezona? –rezongó molesto volviendo a ponerse a su altura en un par de zancadas.

- ¿Y por qué vosotros no dejáis de insistir con ese viaje? –repitió ella molesta.- No iré.

- Porque es importante. –contestó con un tono de voz insistente.

- No le veo lo importante, la verdad. –finalizó ella con un tono que resonó en su cabeza igual al de su abuela.

- Pues si no lo ves, yo no puedo mostrártelo. –dijo Zach algo más lejos de lo que Amanda creía que estaba.

Se giró para mirarle en aquel pasillo y vio que se había detenido unos cuantos pasos antes que ella. Había esperado que él insistiera un poco más, estaba preparada para dar unos cuantos gritos y unas buenas razones por las cuales hacer ese viaje era la mayor estupidez de todos los tiempos, pero lo que obtuvo fue a un Zach que la miraba con decepción desde aquel frío pasillo. Algo le caló dentro.

Zach se dio la vuelta y se alejó refunfuñando algo que Amanda no alcanzó a escuchar los bajo, pero estaba convencida de que no le iba a hacer bien escucharlo. Por un momento se sintió mal, pero duró lo mismo que tardó en imaginar lo que su abuela le diría y le haría si se enterase que ella se iba a ir a hacer un viaje a Francia en lugar de a cumplir con su deber como buena Woodwill que era.

Apretó los libros contra su pecho y resopló. Su destino era una mierda y, si debía ser sincera con ella misma, sonaba mil millones de veces mejor hacer ese viaje a Francia, pero enfrentarse a su abuela era algo que sonaba tan mal, que le temblaban las rodillas con sólo pensarlo. Suspiró y tomó fuerzas alejando esos pensamientos revolucionarios de su cabeza y volvió a caminar, al girar el pasillo chocó de frente con una melena pelirroja y un rostro pecoso que se quejó.

- ¡Eh! A ver si miras por don…

Cuando Sarah vio que era Amanda, sonrió. Amanda le sonrió de vuelta, pero entonces algo cambió y Sarah se puso seria de nuevo. Se agachó para recoger las cosas que se les habían caído por el golpe y habló.

- Disculpe, majestad, no la había visto. –empezó a decir Sarah pasándole sus cosas a Amanda sin mirarla, como si fuera un sirviente.- Si hubiera sabido que iba a pasar por este pasillo hubiera tomado otro camino para que nadie la viera hablar conmigo… ¿Quién sabe qué podrían llegar a pensar? Igual y tendrían la desfachatez de pensar que somos amigas…

- Sarah, por favor… -se quejó Amanda.

- ¿Qué? –preguntó Sarah en un tono de voz que dejaba ver claramente que estaba dolida.- ¿Por favor sé mi amiga ahora pero cuando salgamos de Hogwarts haré como si nunca hubieras existido? –inquirió.- Lo siento, Woodwill, pero ya he tenido demasiadas amistades de nueve meses, tengo el cupo lleno.

- ¡Tía, no seas tan dramaqueen! –le dijo.- Sólo piensas en tus problemas, en tus males, ¿pero te has parado a pensar siquiera lo que supone para mí hacer ese viaje? –le preguntó con autoridad.- No. No lo has hecho, así que deja de juzgarme y empieza a mirar más allá de tu ombligo porque no eres la única que tienes problemas en este mundo.

Dichas esas palabras, Amanda agarró todas sus cosas, un libro de Sarah que ni tan siquiera vio, y se dio la vuelta, alejándose de aquel pasillo lo más rápido que sus piernas daban de sí mismas y pensando en cómo era posible que se hubiera peleado con ellos dos en tan poco espacio de tiempo y hubiera acabado tan mal. Sí era verdad lo que le había dicho a Sarah sobre que no sabía lo que suponía para ella ese viaje, pero había mentido en el hecho de que a ella no le importaba. Sabía a ciencia cierta que Sarah sabía más cosas de ella que nadie más del castillo y, aunque no podía hablar de ello con nadie, no habían sido pocas las veces que Sarah le había preguntado cómo iban las cosas con la familia y, por mucho que Amanda quisiera negarlo, en la mirada verde de Sarah, había verdadera preocupación por ella.

Llegó a Slytherin lo más rápido que pudo, sin saludar siquiera en la sala común y encerrándose en su habitación que estaba vacía. Tiró los libros sobre la cama y maldijo su estirpe. Claro que quería hacer ese viaje, claro que quería irse con ellos y olvidarse de su familia, y de su primo… Sobre todo de su primo. Pero su abuela no lo iba a permitir nunca.

Se dejó caer en la cama y se quedó tumbada, mirando el techo durante un buen rato. Pensando en todas las cosas buenas que le habían ocurrido desde que se juntaba con ese par de locos que, sin saber cómo, habían acabado por llenar un hueco demasiado grande en su corazón. Recordó sus peleas, incluso esas de cuando no eran amigos, los paseos por los jardines, las guardias nocturnas de Prefectos con Zach paseando por los pasillos y enseñándole cómo llegar a las cocinas para obtener comida, los partidos de Quidditch, la Snitch que Sarah le había regalado cuando ganaron el campeonato de la escuela y que, a pesar de que Amanda le había insistido a Sarah con que tienen memoria y que la tenía que tener ella, la pelirroja le había dicho que esa Snitch era suya porque ella más que nadie merecía haber volado hasta atraparla.

Cuando se dio cuenta de que estaba empezando a ponerse mucho más sentimental de lo que era saludable para ella, se levantó inmediatamente de la cama dispuesta a hacer cosas para olvidarse de todas esas mariconadas. Lo primero que hizo fue recoger los libros que había tirado en la cama y, entre ellos, vio que había un intruso.

- ¿Y esto…? –se preguntó.

Al abrirlo y ver la letra apretada de Sarah, se dio cuenta de dónde había salido. Lo cerró y fue a dejarlo sobre la mesita de noche para devolvérselo en cuanto la viera, pero al hacerlo varios papeles salieron de su interior y se desperdigaron por el suelo de su habitación. Sarah siempre había sido un desastre con eso del orden y, a pesar de que odiaba eso, no pudo evitar sonreír mientras lo pensaba y se agachaba a recogerlos. Al igual que no pudo evitar ver por encima lo que había en esas hojas y, para variar, no era nada sobre clases. No entendía cómo es que Sarah lograba pasar las asignaturas sin problemas cuando no pegaba un palo al agua nunca.

Pero eso no fue lo que más llamó su atención, sino lo que vio en aquellas hojas sueltas que se habían esparcido por su habitación. Había dibujitos, muy mal hechos, donde salían ellos tres, horarios de trenes, notas que ponían cosas como “Hacer que Amanda pruebe los crêpes de chocolate que venden en el Delicatessen de Montmartre” y había un dibujo donde salían los tres con la cara manchada de chocolate y riendo. “Pedir un deseo a la primera estrella que veamos desde la Torre Eiffel” y se les veía a los tres agarrados de las manos mirando al cielo. “Buscar al jorobado de Notre Dame en la catedral” y salían los tres persiguiendo a un monstruo mal dibujado por los campanarios de la iglesia.

Pasó el resto de las páginas más rápido, leyendo muy por encima algo sobre la entrada mágica del Louvre, el Moulin Rouge y un jardín mágico, todas con dibujos y anotaciones más que Amanda no logró entender por lo ilegible de la letra de Sarah. Suspiró de nuevo y se sintió peor que antes, así que caminó hasta la chimenea y lanzó aquel polvo que lograba que pudiera hablar con su abuela. La voz de la anciana resonó en toda la estancia y, Amanda jurará y perjurará durante siglos y siglos, que incluso el castillo al completo tembló.


***


Sarah llevaba su mochila al hombro. Adoraba la magia porque con ella había logrado poder llevar todo lo que necesitaba en esa mochila sin ir muy cargada. Llevaba el pasaporte muggle y el mágico en el bolsillo, junto con su dinero muggle y el dinero mágico. Cada uno dentro de un sobre de diferente color, tal y como su padre le había enseñado hacía ya mucho tiempo, después de que le miraran con una cara rara cuando intentó pasar la frontera muggle de un país en plena guerra con el pasaporte del mundo mágico. Necesitó un confundus para salir de allí sin problemas.

Abrió el mapa de Paris y suspiró. Tenía las zonas marcadas con un bolígrafo rojo mágico que le mostraba las rutas según las iría haciendo. Era algo que también le había enseñado su padre, y era algo muy útil. Recordaba la cara que se le quedó a Zach cuando se lo mostró y lo rápido que el rubio le pidió que le enseñara a utilizarlo. Resopló al acordarse de él.

- ¡Joder, Zach! –maldijo enojada porque él había preferido hacer un estúpido viaje en moto, que irse a Francia con ella.

- Aquí no, pelirroja, que el público me cohíbe.

Sarah se giró sin acabar de creerse que realmente estuviera escuchando la voz de Zach a sus espaldas, pero cuando le vio, ya no hubo duda alguna de que era él. En menos de un segundo, Sarah estaba colgada sobre Zach y estampándole besos por toda la cara, incluso se le escapó uno en la boca mucho más profundo de lo que luego Sarah reconocería. Le soltó cuando se dio cuenta de eso y carraspeó aún colgada de él cual mono de circo.

- No me suele molestar que me salten chicas guapas a mis brazos, pero se me está escurriendo la mochila y temo que acabaremos en el suelo. –le dijo.

Sarah volvió a carraspear y bajó de él de un salto. Mirándole con una sonrisa enorme en el rostro y un gesto de superioridad.

- Sabía que no podías vivir sin mí, rubio. –declaró con solemnidad.

- Ya, ya, ya… Pero no he sido yo el que se ha colgado como un mono y ha empezado a besar al otro como si no hubiera un mañana, pelirroja. –respondió colgándose bien la mochila.

Sarah se sonrojó hasta ponerse del color de su cabello y le señaló con un dedo, boqueando un par de veces en busca de aquella respuesta que necesitaba, pero no supo qué decir, así que se dio la vuelta y miró las vías del tren de nuevo.

- Creído… Además, no te he besado como si no hubiera un mañana. Si algún día te beso así, no podrás separarte de mí.

Zach rió.

- Y luego soy yo el creído… -dijo aún con la sonrisa en los labios. Sarah se movió hacia las vías del tren, y Zach fue detrás y la despeinó antes de atraerla a él con fuerza.- Claro que he venido por ti, tonta.

A Sarah le hubiera gustado decir que aquel gesto cariñoso y esas palabras no tuvieron demasiada influencia en ella, pero lo cierto es que sintió que se derretía, así que aprovechó para pegarse más a él y sobarle un poquillo por debajo de la ropa. Las manos de Sarah, pequeñas y pecosas, siempre solían estar frías, al contrario que la piel de Zach, que siempre parecía estar a punto de bullir. Notó como se le erizaba la piel justo donde ella le tocaba y, cuando iba a quejarse, otra voz resonó con una queja.

- ¡Eh! Que no he desafiado a mi abuela, me he peleado con la mitad de mi familia y he venido hasta aquí para ver como os metéis mano. –rezongó con un tono de molestia que era tan falso como el polvo de hada cura berrugas.- Si es que… Si no fuera por mí, estarías todo el día fornicando como gronkels… -agregó negando con la cabeza.- Y no puedo dejar que en Francia se lleven esa imagen de los ingleses. –finalizó con solemnidad.- Ni que, por mucho que los odiemos, vean tales escenas. Nadie merece esa tortura.

O toda la solemnidad que pudo cuando Sarah corrió a sus brazos y la abrazó con fuerza, alzándola mientras gritaba y la hacía dar tantas vueltas que las gafas de Amanda casi salen volando. A veces no entendía de dónde sacaba tanta fuerza aquella pelirroja, pero tuvo que suplicar porque la bajara al suelo, cosa que duró dos segundos porque pronto fue Zach el que las agarró a las dos y las alzó a ambas.

- ¡Ya basta! ¡Dejadme en el suelo! –se quejó con ese tono de voz que dejaba muy claro que, si continuaban molestándola, pronto querrían estar a merced de un hipogrifo cabreado, en lugar de a la suya.

Ambos la soltaron y, sonriendo de forma traviesa, la ayudaron a colocarse la ropa en su sitio mientras ella les golpeaba en las manos para que dejaran de meterle mano.

El tren llegó a la estación, pero ni tan siquiera el sonido del mismo pudo silenciar la explosión de sus risas incontenibles, ni el humo negro de su caldera pudo tapar la alegría que experimentaban en ese momento sus corazones.


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Perra, te quiero por revivirme aquellos tiempos aunque fuera un ratito. Y por alegrar a Zach en esos días.

Ahora te pones y escribes todo lo que hacen.

Ahora me has dado mono y me vas a obligar a ponerme a escribir Beatha o a rolear en twitter con @liammccubbin

Y feliz cumpleaños!
Tengo un monarro que no te imaginas de ellos XD Pero lo que pasa en Francia no me toca escribirlo a mí... Bueno, igual y en algún momento lo acabo haciendo.

Por cierto, a ver si tú y otra que yo me sé escriben bien cierta parte del futuro para que yo me aclare con lo que pasa y tal... Que me hago la picha un lío siempre.

Ains, son tan monos ^^
Mono dices, jodía? Soy yo la que rolea con ellos en twitter para soltar al mono un rato.

A ver si esa que tú sabes bien se conecta un día con ganas de quitarle el polvo al fandom y nos ponemos a ello.
Ya, pero soy yo la que llama a Lyra "rubio" y ella a mí "pelirroja" estando en casa XDD Así que creo que sé de lo que hablo con eso de mono.

Bueno, cuando quitéis el polvo, me decís como queda todo.

*Sarah aparece* pero quede como quede, me quedo con Zach ^^
AAAAAAAAAAAAIIIIIIIII QUE MAJOOOOOOOOOOO!!! Es que me encantan, son tan monos!! ♥♥♥

Muchísimas gracias por el fic tía, me ha hecho cacho de ilusión!! ♥♥

Y las fotitos de los tres al final ♥♥♥♥
¡HACHEFEWII! *abraza al gato* Me alegra tanto que te haya gustado ^^ Sobre todo porque yo me lo he pasado genial escribiendo de ellos.

Y la foto... La idea era una que se viera a los tres JUNTOS de verdad, pero eso es imposible y yo no sé dibujar XD
- A ver, Saritah, ¿de qué hablas? –preguntó tras un momento de silencio.

- Menuda mierda de pregunta. –se quejó Amanda y ambos se giraron a mirarla.- Hasta yo podría haberlo hecho mejor.


Debo decirte que con eso me ha salido la carcajada ((((((Amanda))))) Y que eso de "Saritah" me ha sonado extremadamente bakala x__D

Y que se me ha encogido algo por dentro con las alusiones a la historia con Liam ;____; A ver si hablamos de lo del otro futuro con Sarah o algo, que la pelirroja está ansiosa ya *señala la escena en la estación de tren*

El detalle de las fotitos al final me ha encantado *dibuja corazones* Y te lo creas o no, juraría que nunca había visto esta foto de Ewan o.o (Sombrero!!! ♥)

Awesome, awesome. Ojalá se llegue a escribir también el viaje. Aunque en su defecto, me quedo con los planes y los dibujitos de Sarah. LA ADORABILIDAD.
Me alegra saber que te has descojonado viva con el fic XDDD Sobre todo porque si luego se te ha encogido algo dentro, que al menos también hayas tenido momentos buenos.

Y sí, ya hablaremos del futuro, que ya tengo algo pensado. Ya te contaré.

Y la foto, pues ya te la pasaré, que la tengo por ahí.

Me encanta que te encante ^^
(Anonymous)
Gracias, buen trabajo! Este fue el material que tenía que tener.